The Secret Goldfish

Side B
"Pero me decían: “Pelada, voy a ser conciso: ¡es fantástico tu pelo!”. Y uno raro, calvo, prematuro: “Lillian Gish tenía su mismo pelo”, y yo: “Quién será ésta”, me preguntaba, “¿una cantante famosa?”. Recién me he venido a desayunar que era estrella del cine mudo. Todo este tiempo me la he venido imaginando con miles de collares, cantando, rubia total, a una audiencia enloquecida. Nadie sabe lo que son los huecos en la cultura".

Andrés Caicedo - ¡Que viva la música!

"Pero me decían: “Pelada, voy a ser conciso: ¡es fantástico tu pelo!”. Y uno raro, calvo, prematuro: “Lillian Gish tenía su mismo pelo”, y yo: “Quién será ésta”, me preguntaba, “¿una cantante famosa?”. Recién me he venido a desayunar que era estrella del cine mudo. Todo este tiempo me la he venido imaginando con miles de collares, cantando, rubia total, a una audiencia enloquecida. Nadie sabe lo que son los huecos en la cultura".

Andrés Caicedo - ¡Que viva la música!

¡Que viva la música! - Andrés Caicedo

Releí el libro en el reciente viaje a Cali en pleno Petronio.

"Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: “Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa”. No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo.

Alguien que pasara ahora y me viera el pelo no lo apreciaría bien. Hay que tener en cuenta que la noche, aunque nomás empieza, viene con una nie-bla rara. Y además que le hablo de tiempos antes y que… bueno, la andadera y el maltrato le quitan el brillo hasta a mi pelo.

Pero me decían: “Pelada, voy a ser conciso: ¡es fantástico tu pelo!”. Y uno raro, calvo, prematuro: “Lillian Gish tenía su mismo pelo”, y yo: “Quién será ésta”, me preguntaba, “¿una cantante famosa?”. Recién me he venido a desayunar que era estrella del cine mudo. Todo este tiempo me la he venido imaginando con miles de collares, cantando, rubia total, a una audiencia enloquecida. Nadie sabe lo que son los huecos en la cultura.

Todos, menos yo, sabían de música. Porque yo andaba preocupadita en miles de otras cosas. Era una niña bien. No, qué niña bien, si siempre fue rebuzno y saboteo y salirle con peloteras a mi mamá. Pero leía mis libros, y recuerdo nítidamente las tres reuniones que hicimos para leer El capital, Armando el Grillo (le decían Grillo por los ojos de sapo que paseaba, perplejo, sobre mis rodillas), Antonio Manríquez y yo. Tres mañanas fueron, las de las reuniones, y yo le juro que lo comprendí todo, íntegro, la cultura de mi tierra. Pero yo no quiero acostumbrarme a pensar en eso: la memoria es una cosa, otra es querer recordar con ganas semejante filo, semejante fidelidad.

Yo lo que quiero es empezar a contar desde el primer día que falté a las reuniones, que haciendo cuentas lo veo también como mi entrada al mundo de la música, de los escuchas y del bailoteo. Contaré con detalles: al estimado lector le aseguro que no lo canso, yo sé que lo cautivo”.

¡Que viva la música! - Andrés Caicedo

Releí el libro en el reciente viaje a Cali en pleno Petronio.

"Soy rubia. Rubísima. Soy tan rubia que me dicen: “Mona, no es sino que aletee ese pelo sobre mi cara y verá que me libra de esta sombra que me acosa”. No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara y me dio miedo perder mi brillo.

Alguien que pasara ahora y me viera el pelo no lo apreciaría bien. Hay que tener en cuenta que la noche, aunque nomás empieza, viene con una nie-bla rara. Y además que le hablo de tiempos antes y que… bueno, la andadera y el maltrato le quitan el brillo hasta a mi pelo.

Pero me decían: “Pelada, voy a ser conciso: ¡es fantástico tu pelo!”. Y uno raro, calvo, prematuro: “Lillian Gish tenía su mismo pelo”, y yo: “Quién será ésta”, me preguntaba, “¿una cantante famosa?”. Recién me he venido a desayunar que era estrella del cine mudo. Todo este tiempo me la he venido imaginando con miles de collares, cantando, rubia total, a una audiencia enloquecida. Nadie sabe lo que son los huecos en la cultura.

Todos, menos yo, sabían de música. Porque yo andaba preocupadita en miles de otras cosas. Era una niña bien. No, qué niña bien, si siempre fue rebuzno y saboteo y salirle con peloteras a mi mamá. Pero leía mis libros, y recuerdo nítidamente las tres reuniones que hicimos para leer El capital, Armando el Grillo (le decían Grillo por los ojos de sapo que paseaba, perplejo, sobre mis rodillas), Antonio Manríquez y yo. Tres mañanas fueron, las de las reuniones, y yo le juro que lo comprendí todo, íntegro, la cultura de mi tierra. Pero yo no quiero acostumbrarme a pensar en eso: la memoria es una cosa, otra es querer recordar con ganas semejante filo, semejante fidelidad.

Yo lo que quiero es empezar a contar desde el primer día que falté a las reuniones, que haciendo cuentas lo veo también como mi entrada al mundo de la música, de los escuchas y del bailoteo. Contaré con detalles: al estimado lector le aseguro que no lo canso, yo sé que lo cautivo”.

Las baladas del ajo - Mo Yan

Así tenga problemas la traducción ( http://zaichina.net/docs/MediacionrecepcionymarginalidadlastraduccionesdeliteraturachinamodernaycontemporaneaenEspana.pdf ) la historia no deja de ser sobrecogedora.

"Canto al mes de mayo de 1987;
a un proceso criminal acaecido en Paraíso:
la policía vino de todas partes,
arrestando a noventa y tres de sus conciudadanos.
Algunos murieron, otros fueron a la cárcel…
¿cuándo verá el pueblo llano el cielo azul de la justicia?
Extracto de una balada cantada por Zhang Kou en una calle del lado oeste del edificio de oficinas del gobierno”.

Las baladas del ajo - Mo Yan

Así tenga problemas la traducción ( http://zaichina.net/docs/MediacionrecepcionymarginalidadlastraduccionesdeliteraturachinamodernaycontemporaneaenEspana.pdf ) la historia no deja de ser sobrecogedora.

"Canto al mes de mayo de 1987;
a un proceso criminal acaecido en Paraíso:
la policía vino de todas partes,
arrestando a noventa y tres de sus conciudadanos.
Algunos murieron, otros fueron a la cárcel…
¿cuándo verá el pueblo llano el cielo azul de la justicia?
Extracto de una balada cantada por Zhang Kou en una calle del lado oeste del edificio de oficinas del gobierno”.

Christine Falls - Benjamin Black (a.k.a. Banville).

"It was not the dead that seemed to Quirke uncanny but the living".

Christine Falls - Benjamin Black (a.k.a. Banville).

"It was not the dead that seemed to Quirke uncanny but the living".